Thursday, September 29, 2005

Capitulo XI

De lo que le sucedió a don Quijote con unos cabreros
Don Quijote fue recogido de los cabreros y Sancho habiendo acomodado a Rocinante y a su jumento, fue tras el olor de tasajos de una cabra que hervían en un caldero. Aunque Sancho queria comerse los tasajos, éstos tasajos fueron quitados del fuego y aderezados por los cabreros en unas pieles de oveja. Le invitaron a don Quijote que se sentase sobre un dornajo y le convidaron, y Sancho se quedo de pie junto a él, quien le sirvió una copa.
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Don Quijote le pidió que se siente y que comiera a su lado, en compañía de la gente que se encontraba acompañando a don quijote. Pero Sancho no acpetaba y respondió que prefería comer a solas en su rincón, aunque sea pan y cebolla y beber poco. Sin embargo, al final fue convencido de que se sentase junto a él. Los cabreros no entendían y no hacían otra cosa que comer y callar y mirar a sus huéspedes como comían.
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Edad y siglos dichosos, aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, sino porque entonces los que vivían allí ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Los valientes alcornoques comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordaba en ese entonces. No había fraude, el engaño, ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interés. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, que aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogiste y regalaste, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra.
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Mas tarde un cabrero aviso que un amigo suyo llamado Antonio, el cual iba a entonar una melodía para ellos. Apenas acabo de hablar, cuando llegó a sus oídos el son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de hasta veinte y dos años, de muy buena gracia y de igual manera le pidieron que cante y sin hacerse más de rogar se sentó en el tronco de una desmochada encina, y, templando su rabel, de allí a poco, con muy buena gracia, comenzó a cantar. Una vez terminado de cantar, Don Quijote le rogó que cantara algo más, de lo cual Sancho no estaba de acuerdo porque el quería dormir y más no seguir escuchando canciones.

Luego Don Quijote le pidió a Sancho que le curara la oreja que aún le dolia y un cabrero viendo esto le curó con unas hojas de Romero que habia masticado para que Sancho pudiera tranquilo descansar.

Vida y obra de Cervantes

Vida:

Infancia:

Nació a mediados del siglo XVIII y se supone que podría ser un 29 de Septiembre; en Alcalá de Henares. Bautizado el 9 de octubre de 1547. Es el tercero de los cinco hijos que tuvo el cirujano Rodrigo de Cervantes. Al parecer estudió en una de las escuelas fundadas por los jesuitas.

En 1569 Cervantes inicia su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas incluidas por su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos; con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois. En ella el editor le llama caro y amado discípulo.

Lepanto:

Cervantes participa en la batalla de Lepanto un verano de 1571, sirviendo para la compañía de Diego de Urbina, en la que ya militaba su hermano Rodrigo. En esta batalla Cervantes fue herido por un arcabuz en el brazo, dejando su mano izquierda inmovilizada para siempre.

Finalmente, decide regresar a España para conseguir el premio de sus servicios, con cartas de recomendación de don Juan y del duque de Sessa. El 26 de septiembre de 1575, la galera El Sol, en la que había embarcado tres semanas antes, cae en manos del corsario Arnaut Mamí, no en las inmediaciones de las Tres Marías, como se pensó hasta hace poco, sino, como ha demostrado Juan Bautista Avalle Arce, a la altura de las costas catalanas, no lejos de Cadaqués.

Cautiverio:

Llevado a Argel como esclavo, Cervantes padece un cautiverio de cinco años. En ese cautiverio, escribe Los tratos de Argel y Los baños de Arge, y también la obra que lo llevo a la fama que fue El Quijote.

Cabe destacar sus cuatro intentos de evasión, dos por tierra, y dos por mar, en las cuales siempre quiso asumir la responsabilidad exclusiva de las acciones.

Sin embargo, no se le castiga con muerte, tal vez se deba a una posible colaboración en los contactos de paz que los turcos intentaron establecer entonces con Felipe II, por medio de un renegado esclavón, llamado Agi Morato.

Finalmente, es rescatado el 19 de septiembre de 1580, al precio de 500 ducados, por los padres trinitarios.

Retorno a las letras:

Cervantes declara haber compuesto por aquellos años diez obras de comedia.

Simultáneamente, redacta la Primera parte de la Galatea, dividida en seis libros y que, en marzo de 1585, sale de las prensas al cuidado del librero Blas de Robles. Cervantes, años más tarde, recordó con ironía los tópicos del género en El Coloquio de los perros, quejas del amante que se enfrenta con la indiferencia de la amada.

Comisiones andaluzas:

Cervantes se encuentra en Sevilla a principios de junio de 1587, tras haberse despedido de su mujer en circunstancias mal conocidas. Tal vez frustrado en sus aspiraciones literarias, aprovecha los preparativos de la expedición naval contra Inglaterra, decretada por Felipe II, para conseguir un empleo de comisario, encargado del suministro de trigo y aceite a la flota, bajo las órdenes del comisario general Antonio de Guevara. Recorre los caminos de Andalucía para proceder a las inspecciones que le corresponde cumplir, muy mal recibidas por campesinos ricos

Deseoso de conseguir un oficio en el Nuevo Mundo, presenta el 21 de mayo de 1590, una demanda al Presidente del Consejo de Indias, destinada al Rey. Donde menciona la contaduría del nuevo reino de Granada, la gobernación de la provincia de Soconusco en Guatimala, el de contador de la galeras de Cartagena y el de corregidor de la ciudad de la Paz.

Encarcelamiento:

En agosto de 1594 El juez Vallejo, envía a Cervantes, a la cárcel real de Sevilla, cometiendo, por torpeza o por malicia, un auténtico abuso de poder.

No conocemos la fecha exacta en que Cervantes recobró la libertad. Pero conservamos la respuesta del rey a su demanda, por la que se conminaba a Vallejo soltar al prisionero a fin de que se presentara en Madrid en un plazo de treinta días. No se sabe si éste cumplió el mandamiento, pero se despide definitivamente de Sevilla en el verano de 1600, en el momento en que baja a Andalucía la terrible peste negra que, un año antes, había diezmado Castilla.

El 13 de septiembre de 1598, había muerto el Rey Prudente, acontecimiento que va a inspirar a nuestro escritor el famoso soneto al túmulo del rey Felipe II en Sevilla.

El Ingenioso Hidalgo:

Está dicho, que ignoramos la vida de Cervantes durante años cuando se desarrolla el proceso de redacción de la Primera parte del Quijote.

En verano de 1604, se traslada con su mujer a Valladolid, elegida por Felipe III como nueva sede del reino, donde se reúne con sus hermanas y su hija Isabel. Allí Encuentra a un editor, Francisco de Robles, el hijo de Blas de Robles, que, en otro tiempo, había publicado La Galatea. El 26 de septiembre tiene el privilegio real que necesitaba, difundiéndose la noticia de la publicación de su nuevo libro, recogida por Lope de Vega en una carta de su puño y letra, y por López de Úbeda, el autor de La pícara Justina. A fines de diciembre de 1604, sale Quijote de las prensas madrileñas, en marzo del año siguiente, Cervantes obtiene un nuevo privilegio, que extiende a Portugal y Aragón. Mientras tanto, los primeros cargamentos del princeps son registrados en Sevilla y enviados a las Indias. En esas fechas, don Quijote y Sancho aparecen por todas partes en los cortejos, bailes y mascaradas.

Días después, a fines de junio, ocurre un extraño suceso apareciendo mezclado nuestro autor: la muerte violenta de un caballero de Santiago, Gaspar de Ezpeleta. Herido en un duelo nocturno, ocurrido en arrabal donde vivía con su familia, recogido por éste en su casa y fallece dos días después sin confesar quien fue su agresor. Una investigación por el alcalde de Corte Villarroel, encarcelan por unos días, del autor del Quijote, desde insinuaciones de una vecina en contra de la conducta de sus hermanas y de su hija, arrojan una curiosa luz sobre la condición y vida del escritor y de sus familiares.

Andrea de Cervantes dice que en esos años, su hermano era «un hombre que escribe y trata negocios, y tiene amigos»: tales como el asentista genovés, Agustín Raggio, vinculado con negociantes italianos establecidos en Génova, Amberes y Madrid, y un financiero portugués, Simón Méndez, tesorero general y recaudador de diezmos de la mar de Castilla y Galicia; también Fernando de Toledo, señor de Higares, envuelto en proyectos arbitristas llevándolo a gastar sus caudales. No deja de llamar nuestra atención la «otra cara», pudiéndose llamar así, del autor del Quijote y, más concretamente, el hecho de que un ex recaudador de impuestos mantuviera relaciones con estos representantes del mundo de los negocios.

En la Villa y Corte:

Al regreso de la Corte a Madrid, Cervantes se establece con su familia en Atocha, donde es alojado en febrero de 1608. Un año después, se muda a la calle de la Magdalena, cerca del palacio del duque de Pastrana, y luego, en 1610, a la calle de León, donde vivieron escritores como Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Vélez de Guevara. Dos meses después en 1612, se traslada a una casa próxima en la calle de las Huertas. El otoño de 1615, abandona esta morada por otra, situada en la esquina de la calle de Francos y de la calle de León.

Durante aquellos ocho años que le quedan de vida, no se aventura mucho fuera de la capital. El único momento que estuvo cerca de ir por otro rumbo fue en 16100. Cervantes al igual que Góngora, abrigó el sueño de formar parte de su corte literaria; y de los indicios sacados por Martín de Riquer de un minucioso examen de los capítulos de la Segunda parte del Quijote, refieren la estancia del caballero manchego en Barcelona, pudo el escritor emprender viaje a condal, para defender sus pretensiones. Pero no consiguió del secretario del virrey, el poeta Lupercio Leonardo de Argensola, ni tampoco de su hermano Bartolomé, la confirmación de sus promesas.

Varios acontecimientos marcan la vida del escritor durante esos años: primero, sus desavenencias con su hija Isabel y sus dos yernos sucesivos, por asuntos de dinero y por la posesión de una casa, cuyo dueño era Juan de Urbina; luego, una sucesión de muertes: su hermana mayor, Andrea, ocurrida en octubre de 1609, la de su nieta Isabel Sanz, seis meses más tarde, y la de Magdalena, su hermana menor, en enero de 1610.

En julio de 1613, se le admite como novicio de la Orden Tercera de San Francisco, a semejanza de su mujer y de sus hermanas; el 2 de abril de 1616, poco antes de morir, pronuncia sus votos definitivos.

El taller Cervantino:

Lo que llama la atención, durante esos años, es el retorno del escritor a las letras, en un momento en que su fama empieza a extenderse más allá de los Pirineos. Participa en las justas literarias que se celebran en la Academia Selvaje, fundada por don Francisco de Silva y Mendoza, cuyas sesiones tenían lugar en su palacio de la calle de Atocha y donde, un día de marzo de 1612, Lope de Vega le pedirá, para leer sus propios versos, unos antojos «que parecían -según nos dice el Fénix- huevos estrellados».

Mientras, salen a luz nuevas ediciones del Quijote -en Bruselas en 1607, en Madrid en 1608-, Thomas Shelton pone en el telar The Delightful History of the Valorous and Witty Knigh-Errant Don Quixote of the Mancha, en una sabrosa versión inglesa que aparecerá en 1612. Por su parte, en 1611, César Oudin comienza a verter el Quijote a lengua francesa: necesitará cuatro años para rematar su tarea.

Conseguida la aprobación oficial en julio de 1612, el volumen sale de las prensas de Juan de la Cuesta en julio del año siguiente, con una dedicatoria a aquel conde de Lemos al que Cervantes había esperado acompañar a Italia.

Nada más salir de la imprenta, las novelas cervantinas conocerán un éxito fulgurante: mientras se publican en España cuatro ediciones en diez meses, a las que seguirán veintitrés más al hilo del siglo, los lectores franceses le rinden un auténtico culto: traducidas en 1615 por Rosset y D'Audiguier, reeditadas en ocho ocasiones durante el siglo XVII, las Novelas ejemplares, abiertamente preferidas al Quijote, serán el libro de cabecera de todos los que presumen de practicar el español.

Las reticencias de Cervantes ante la comedia lopesca nos permiten entender el rechazo, desde su regreso a Madrid, recibió de los profesionales del gremio -los todopoderosos «autores de comedias»- que se negaron a incorporar a su repertorio las obras que había compuesto al volver a su «antigua ociosidad». El 22 de julio de 1614, en la Adjunta al Parnaso, había revelado su nuevo designio: en vez de hacer representar sus piezas, darlas a la imprenta, ofreciéndolas a un público de lectores adictos, «para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, o no se entiende, cuando las representan». En septiembre de 1615, se cumple esta insólita determinación que, en contra de los usos establecidos, invertí a los procedimientos habituales de difusión: el librero Juan de Villarroel pone en venta un volumen titulado, de modo significativo, Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados.

Avellaneda:

Empresa de más altos vuelos que será, durante esos años, la continuación de las aventuras de don Quijote y Sancho:

En el prólogo a las Novelas ejemplares, redactado en 1612 y publicado en el verano de 1613, Cervantes informaba a su lector que pronto iba a ver, «y con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza». Un año después, el 20 de julio de 1614 Sancho manda una carta a su mujer Teresa, incluida a medio camino, en el capítulo 36. Durante el verano, en poco más de dos meses, no redacta menos de 23 capítulos. Es entonces cuando aparece en Tarragona, al cuidado del librero Felipe Roberto, el Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas.

No era la primera vez que un libro de éxito suscitaba émulos: La Celestina, el Lazarillo de Tormes, la Diana de Montemayor habían inspirado, en el siglo XVI, continuaciones más o menos fieles al original. Ahora este Quijote apócrifo era producto de una superchería, corroborada por una cascada de falsificaciones que afectan a la vez a la aprobación del libro, al permiso de impresión, al nombre del impresor y al lugar de publicación. Hace algunos años, Martín de Riquer abrió pistas de varios indicios -tics de escritura, incorrecciones y torpezas de estilo, repetidas alusiones al rosario- que denunciarían a Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor que, en el capítulo 32 de la Primera parte, parece haber inspirado el personaje del galeote Ginés de Pasamonte, metamorfoseado, en la Segunda, en Maese Pedro, el famoso titiritero.

No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda, atribuido por algunos a Lope de Vega, hirió profundamente a Cervantes, al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse». Cervantes contestó con dignidad a estas acusaciones.

Este último episodio es inmediatamente anterior al fin de las aventuras verdaderas del caballero. En enero de 1615, quedan concluidos los últimos capítulos del libro. A finales de octubre, están redactados el prólogo y la dedicatoria al conde de Lemos. En los últimos días de noviembre sale a luz la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quixote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes, autor de su primera parte: una segunda parte «cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera», pero en un relato «dilatado» de sus nuevas aventuras, es decir prolongado, llevado hasta su término y, también, ampliado y agrandado; una segunda parte que llevó la novela a su perfección, asegurándole una consagración inmediata, confirmada en adelante por la posteridad.

Agonía y Muerte:

Durante los últimos meses que le quedaban de vida a Cervantes sus fuerzas la utilizaba para concluir otra empresa iniciada hace tiempo, quizá durante el período andaluz, luego suspendida durante años, y que quiere llevar a su término: Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Ésta había sido exhumada por humanistas del Renacimiento, al traducir o adaptar al castellano Teágenes y Cariclea, de Heliodoro y Leucipe y Clitofonte, de Aquiles Tacio.

Tras prometer el Persiles, año tras año, en el prólogo de las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso y la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, Cervantes concluye su redacción cuatro días antes de su muerte. Será su viuda la que entregue el manuscrito a Villarroel, quien lo publicará póstumo, en enero de 1617.

Lo que no sabemos es que si Cervantes llegó a concretar otros proyectos, de los que dan cuenta prólogos y dedicatorias: una comedia, titulada El engaño a los ojos, una novela, El famoso Bernardo, una colección de novelas, Las semanas del jardín, sin olvidar la siempre prometida segunda parte de La Galatea.

El 18 de abril, recibe los últimos sacramentos, nuestro escritor se sabe condenado. La sed inextinguible de que él mismo da cuenta en esta relación parece síntoma de una diabetes, enfermedad sin remisión en aquella época, más que de la hidropesía diagnosticada por el supuesto estudiante.

El 20 de abril, dicta de un tirón el prólogo del Persiles, y concluye dirigiéndose al lector: Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. Adiós gracias; adiós donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida.

El viernes 22 de abril, Miguel de Cervantes rinde el último suspiro. Al día siguiente, en los registros de San Sebastián, su parroquia, se consigna que su muerte ha ocurrido el sábado 23, de acuerdo con la costumbre de la época, que sólo se quedaba con la fecha del entierro. Cervantes fue inhumado en el convento de las Trinitarias, según la regla de la Orden Tercera, con el rostro descubierto y vestido con el sayal de los franciscanos. Pero sus restos fueron dispersados a finales del siglo XVII, durante la reconstrucción del convento. En cuanto a su testamento, se perdió. Quedan las obras del «raro inventor», como él mismo se llama en el Viaje del Parnaso, a quien el Quijote le valió entrar en la leyenda.

Posteridad:

Durante el reinado de Fernando VII, Fernández de Navarrete encuentra y publica una serie de documentos, profundizando su examen crítico en un alarde de erudición que se sistematizará en los años posteriores. Pero, si bien se hace así más densa la trama de los acontecimientos, el perfil que se bosqueja ahora de Cervantes permanece sin cambiar: para decirlo con frase de Navarrete, éste se impone como «uno de aquellos hombres que el cielo concede de cuando en cuando a los hombres para consolarnos de su miseria y pequeñez». Escritor clásico por antonomasia, trasciende gustos y modas, sin padecer, como Góngora, Quevedo o Calderón, la condena del barroco.

Durante el siglo XIX, en la estela de la escuela romántica inglesa que se mostró capaz, con Boswell y Carlyle, de abrir nuevos caminos al género biográfico, se adscribe como finalidad a los cervantistas la representación auténtica del autor del Quijote, al que se pretende captar en su totalidad y su intimidad a la vez. En los inicios de la Restauración expone Ramón León Máinez, en 1876, un proyecto de biografía total.

La labor desempeñada por los actuales biógrafos de Cervantes tiende, por el contrario, a asentarse en una metodología rigurosa: primero estableciendo, con todo el rigor requerido, lo que se sabe de su vida y separando lo fabuloso de lo cierto y de lo verosímil; también situándolo en su época, en tanto que actor oscuro y testigo lúcido de un momento decisivo de la historia de España; por último, siguiendo hasta donde sea posible el movimiento de una existencia que, de proyecto que fue inicialmente, se ha convertido en un destino que nos esforzamos por volver inteligible. Así es como se ha intentado encontrar el misterio del «yo» de Cervantes, o bien en su presunta «raza», o bien en una homosexualidad latente. Cervantes, cabe afirmarlo con fuerza, estará siempre más allá de cualquier esquema reductor y no hay narración que pueda restituir su expansión vital.

Obra:



Tuesday, September 27, 2005

España en la época de cervantes



En España se manifestaron períodos de gran florecimiento y superioridad sobre el resto de Europa, y de dominio sobre Suramérica. El desarrollo del comercio vencía el aislamiento feudal provincial y el particularismo de las regiones. El aumento del poder y de la monarquía española permanecía firmemente ligado al papel centralizador del capital comercial y a la formación gradual de España.
La mayor obra maestra de la literatura española fue El Quijote, que es la primera novela moderna; escrita en un lenguaje que fácil de entender, y que este año cumple cuatro siglos de su publicación.
En un gesto espléndido a la lucha por el socialismo y por la cultura, el presidente venezolano Chávez hizo imprimir dos millones de ejemplares de El Quijote, para ser distribuida gratuitamente. Celebramos el aniversario con este análisis de El Quijote desde el punto de vista del materialismo histórico.

La vida de Cervantes (1547-1616)

Fue novelista, dramaturgo y poeta con una considerable producción literaria, recordado como el creador de Don Quijote. Nació en Alcalá de Henares, en una familia de la baja nobleza. Cervantes pasó parte de su infancia viajando, acompañando a su padre en búsqueda de trabajo. Don Rodrigo era reconocido en algunas ciudades de España por sus deudas, lo que lo llevó a prisión en varias oportunidades.
Cervantes fracasó en todos los empleos que encontró. Fue acusado de corrupción y terminó en prisión. Cervantes se interesó con la escritura por primera vez en 1568, realizando versos a Isabel de Valois, con el objetivo de obtener favores y dinero. Pero su carrera literaria se interrumpió por el servicio militar.

Estudió en Madrid con el humanista Juan López, se unió a la armada española en Italia. Tomó parte de la batalla de Lepanto. Su mano izquierda quedó inutilizada para siempre al ser herido por un arcabuzazo, pero no le impidió continuar en la milicia durante cuatro años.

Intentó retornar a España en 1575, con su hermano en la galera Sol, pero fue capturada por turcos, y ambos hermanos fueron llevados como esclavos a Argel. Cervantes permaneció cinco años prisionero mientras su familia reunía dinero para pagar su rescate. Fue puesto en libertad el 19 de septiembre de 1580.
Después de su retorno, tuvo empleos de administración, regresó a la escritura a una avanzada edad. Escribió La Galatea y El trato de Argel; y obtuvo cierto éxito. Además de sus dramas, escribió Viaje del Parnaso, pero ninguno de esos le proporcionó ingresos suficientes para vivir.
Estando casado Cervantes llegó a la conclusión que una carrera literaria no serviría para mantener a su familia. Se trasladó a Sevilla y obtuvo empleo como abastecedor de la armada.

Obtuvo éxito pero también enemigos, que lo hicieron sufrir largos períodos de prisión. En una temporada de encarcelamiento, comenzó a escribir la primera edición del Quijote que lo hizo ganar fama eterna, pero no lo sacó de la pobreza. La segunda parte del Quijote apareció en 1615.
En 1606 Cervantes vivió permanentemente en Madrid. El 23 de abril de 1616 Cervantes murió en la pobreza de una calle de Madrid que ahora lleva su nombre.
Don Quijote comienza como una parodia de las novelas de caballería, pero se convirtió en una reflexión del periodo que vivió Cervantes. Está llena de vida y describe un mundo en transición. La mayoría de personajes presentados pertenecen a las clases más bajas. Don Quijote señaló la representación de la vida real y una escritura clara, con un lenguaje cotidiano.
Cervantes dependía de la venta de sus libros para comer, y lo hacía llegando al corazón y a la mente del público en lo cual tuvo éxito brillante. Pocos libros en la historia han mostrado el nuevo espíritu que se desarrollaba en la sociedad española, de la cual hablaremos a continuación.

La España de Cervantes


España era una sociedad en transición. La unión de Aragón y Castilla sentó las bases para la unificar España y para crear una monarquía absolutista.

Cuando Cervantes nació, Madrid tenía 4.000 habitantes, lo cual fue resultado de los derechos concedidos a la burguesía española por los reyes de Castilla y León en el medioevo.

Bajo Felipe I el aparato burocrático del estado absolutista se completó y perfeccionó. Madrid se ya contaba con 100.000 habitantes, llena de palacios y lujos. Las calles de Madrid eran oscuras, estrechas, llenas de basura, había palacios de mal gusto, casuchas pobres y arremolinadas alrededor de la de los ricos.

La corte de Madrid, era conocida como la más sucia, pero también como una de las más brillantes de Europa.

Se hizo aprobar leyes contra el lujo excesivo en el vestir debido a la extravagancia de la nobleza.
Las damas de la nobleza no eran mejor que sus hombres.

La corrupción era regla, los funcionarios honestos la excepción. La iglesia y el estado lo constituía un ejército de parásitos, luchando por conseguir fortuna de los fondos públicos. La venta de cargos era común.

La Armada Invencible

Felipe II heredó a España, que no era de estaba basado cimientos sanos. Él ocasionó desmejorarlo aún más con guerras exteriores. El Escorial fue un monumento que señalaba el espíritu burocrático mezclado con el fanatismo religioso, era el centro administrativo del vasto imperio. En El Escorial, Felipe II satisfacía sus fantasías imperiales, construyendo palacios reales, materiales costosos. La nobleza imitaba a su monarca, construyendo palacios propios. La construcción de palacios destruyo antiguos bosques. Estos planes terminaron en bancarrota. España se empobrecía cada vez más. Un siglo después Don Quijote se convirtió en un lugar común literario.
El desarrollo social de España iba por detrás del de Inglaterra, donde las relaciones capitalistas en la agricultura estaban muy avanzadas después de las conmociones de la Peste Negra y la Revuelta de Campesinos de finales del siglo XIV.
En el sigloXVI el capitalismo se desarrolló en España como en Inglaterra. Sin embargo, el descubrimiento y saqueo de América por España sirvió para sofocar al capitalismo español. La muchedumbre de oro y plata de las minas del nuevo mundo socavaron el desarrollo agrícola, comercial, manufacturero e industrial de española. Reanimó la inflación y creó miseria. Los descubrimientos convirtieron el comercio terrestre con India en comercio marítimo y las naciones de la península se convertían en los agentes y transportistas de Europa.
El poder del capitalismo inglés chocó con el poder del imperio español. La corona inglesa, desafió la supremacía española en los mares. Los ingleses y los holandeses comenzaron habitar el Caribe, sentando bases para nuevos imperios coloniales. El conflicto entre España e Inglaterra culminó cuando los ingleses enviaron ayuda militar a rebeldes holandeses en contra del dominio español, lo que llevó a una guerra. España recibió un duro golpe cuando en 1588 la Armada Invencible fue derrotada. España se encontró humillada por Inglaterra. Esta derrota tuvo carácter simbólico, el mundo del catolicismo fue rápidamente sustituido por el protestantismo de Europa.
Los últimos años de Felipe II fueron de amargura y ansiedad. Las sangrientas guerras parecían no tener final. Murió en 1598, y también La España de la que todos dependían. Su hijo Felipe III fue un inútil interesado en los placeres de la caza que en los asuntos de estado, que puso la correspondencia en manos del Duque de Lerma. La decadencia de España se aceleró por la degeneración de la realeza española. España, que fue la primera nación unificada, fue derrotada por aquellas que habían entrado decididamente en el camino capitalista y donde la burguesía luchaba para conseguir poder político. Las riquezas que habían sido arrancadas de América, fueron rápidamente derrochadas por la corte y su ejército de zánganos aristócratas. Más allá de los muros de la corte había un mar turbulento de miseria que estallaba en revueltas y disturbios violentos.

El Siglo de Oro

España estaba llena de actividad en este periodo. Éste era el levante del fondo social del Siglo de Oro español. En esta época las letras alcanzaron ser cosas deslumbrantes. Los reyes y los nobles tomaban bajo protección a varios poetas, novelistas y pintores de alta calidad. Los principales fueron Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina.
La figura excepcional de la época fue Lope de Vega que como Cervantes, casi siempre pasó dificultades económicas. Participó en la Armada Invencible. Intervino en un reto a duelo mortal y en consecuencia fue desterrado de Madrid. Se casó dos veces y tomó los hábitos después de la muerte de su segunda esposa. Luego de haber amasado una considerable riqueza murió en 1635. Escribió clásicos que resaltaban elementos sociales y políticos como Fuenteovejuna, El mejor alcalde, y además de obras religiosas y poemas en prosa.
Pedro Calderón de la Barca, fue dramaturgo, filósofo y teólogo. Escribió obras en barroco, que resaltaban un fuerte elemento moralizador, como La vida es sueño y El Alcalde de Zalamea y fue igual de popular que Lope. Nació en 1600 en una familia acomodada y fue educado en prestigiosas universidades. Luego participó en la supresión de la insurrección catalana de 1640. En 1651 expresó su deseo de entrar en un monasterio y sólo lo detuvo la intervención personal de Felipe IV.
Francisco de Quevedo fue otro gran escritor del Siglo de Oro. Su nombre está asociado a la sátira. Dejó un cuadro de la España de su época en la obra maestra que se conoce como El buscón. Sus obras se caracterizan por su humor sutil y espíritu crítico, y están enraizadas con los acontecimientos del período trágico de España en la que estuvo destinado a vivir y escribir. En su obra Sueños, describe la corte y la aristocracia, lo cual no cayó bien y fue encarcelado por sus críticas al Duque de Olivares. Cuando éste último cayó en desgracia, Quevedo fue liberado de la cárcel pero murió en el olvido en 1645.
Tirso de Molina fue el seudónimo del fraile Gabriel Téllez, que nos dejó la historia de uno de los personajes más inmorales de la literatura mundial: Don Juan, el personaje central de El burlador de Sevilla.

La novela picaresca

Las personas arrojadas de su órbita de vida no podían adaptarse a la disciplina de su nuevo estado. Se transformaron en mendigos y ladrones, forzados por las circunstancias o por inclinación. A fines del siglo XV y durante XVI, se extendía en toda Europa Occidental una legislación sanguinaria contra la vagancia. A los de clase obrera se les castigó por su transformación forzada en vagabundos. La legislación los trataba como delincuentes que de su buena voluntad dependía si continuaban trabajando bajo las viejas condiciones.

La novela picaresca es el producto de un período de transición producido por la decadencia del feudalismo. La decadencia del orden provoca una situación caótica en la que la moralidad se resquebraja.

La sociedad española presenta un mosaico de ladrones y estafadores. La filosofía sirve como arma de supervivencia. La vida es una pelea donde los medios de subsistencia son la garantía, y el hombre piensa solo en sí mismo.

A mediados del siglo XV Madrid se estableció como capital de España. La población aumentó con forasteros atraídos por la corte. La novela picaresca reflejaba que el feudalismo español estaba en declive. Los engaños, brutalidad, fanatismo y corrupción eran cosas de todos los días. Ésta era la expresión de una sociedad desintegrándose, donde no era posible la síntesis. Junto a la aristocracia había mercenarios y aventureros. Las calles de Madrid estaban llenas de criminales, fanfarrones portando armas que estaban dispuestos a pelear o conseguir dinero. Los ladrones aparecían por la noche.

La novela picaresca surge de la degeneración de novelas de caballería, así como sus prototipos humanos surgen de la degeneración del feudalismo que produjo una reacción contra la moralidad del feudalismo. Rebosan personas con caracteres fuertes y de vivos colores.

Las páginas de El Quijote señalan situaciones de la vida cotidiana. El espíritu de este libro, se basa en el humanismo renacentista pero no tiene nada que ver con la contrarreforma. También hay un fuerte elemento nacional. Es íntimamente un libro español. Describe las características españolas.

La Inglaterra de Shakespeare, como la España de Cervantes, estaba en medio de una revolución socioeconómica. Estaban frente a un cambio turbulento y penoso, que hundió a una gran cantidad de personas en la pobreza y creó en las ciudades mendigos, ladrones, prostitutas, y desertores, que luchaban con los hijos de los aristócratas empobrecidos y sacerdotes expulsados para crear una reserva interminable de personajes como Sir John Falstaff y el Lazarillo de Tormes.

El tema central de El Quijote contiene una verdad histórica sobre España en el período de decadencia feudal. Los ideales de la caballería aparecen ahora ridículos y excéntricamente anticuados en la naciente economía capitalista, donde todas las relaciones sociales, la ética y la moralidad están dictadas por las desnudas relaciones monetarias.
Un periodo de Transición:
En El Quijote Marx veía la épica de la caballería moribunda, cuyas virtudes eran ridículas y burladas por los burguéses.


En el capítulo I tenemos una descripción de Don Quijote como miembro de una nobleza que no era más que una sombra de sí misma, reducida a la semipobreza. Don Quijote no tenía concepción del dinero. Exclama indignado: "¿Qué caballero andante pagó pecho, alcabala, chapín de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? ¿Qué sastre le llevó hechura de vestido que le hiciese? ¿Qué castellano le acogió en su castillo que le hiciese pagar el escote?".

Del episodio de la venta, en el tercer capítulo, Don Quijote recibe una lección de economía moderna del ventero cuando le pregunta si llevaba dinero y Don Quijote respondió: "que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno hubiese traído.


Cuando inicia su segunda ronda de aventuras, Don Quijote asegura estar bien provisto de la moneda del reino, endeudándose como resultado de ello. En el capítulo siete se nos informa que: "Dio luego Don Quijote orden en buscar dineros, y vendiendo una cosa, y empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad". Esta es la historia de toda la aristocracia española y de la misma España.

Sancho Panza:

En El Quijote hay dos protagonistas Junto al caballero montado en un viejo caballo hay un campesino petiso y gordo ensima de una mula. Sancho Panza es un pobre trabajador agrícola, un vecino de Don Quijote que se le conoce por ser hombre de bien. La ausencia de sabiduría de Sancho es presumiblemente lo que lo lleva a seguir a un amo medio loco.

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Sancho Panza, no se presenta, después de todo, como un ignorante. Sus palabras contienen el sentido común sencillo de las cosas. Vive en el mundo real, el que hace mucho tiempo ha abandonado Don Quijote. Come, bebe, estornuda, duerme y realiza todas las demás funciones corporales que su maestro idealista trata con desprecio. En realidad, Sancho está principalmente preocupado por su panza, que por otra parte le sirve de apellido, hasta el punto de preguntar a su amo sobre el jornal correspondiente a los escuderos de los caballeros andantes.

La Iglesia:

Entre los siglos XV y XVI era la época de la Reforma y la Contrarreforma. La Santa Iglesia Romana estaba en el centro del orden, luchando por defender su poder y privilegios.


La Iglesia Católica Romana era todopoderosa en España.


Cuando Don Quijote pronuncia las famosas palabras a Sancho: "Con la Iglesia hemos topado", creó una expresión casi en refrán popular de España. Mientras Quijote preparado a atacar los molinos, tenía que pensarlo dos veces para enfrentarse a la Iglesia.

Época en que la Inquisición quemaba hombres y mujeres por las ofensas más triviales. En el capítulo cinco la sobrina de Don Quijote dice: Más yo tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuesen de herejes. Esto, está debidamente en otro capítulo, cuando uno por uno de los libros de Don Quijote son lanzados a las llamas: Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; más no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a veces justos por pecadores.

Un espiritu rebelde:

Leyendo las lineas del Quijote, detectamos elementos de crítica social. El espíritu de rebelión está presente desde el mismo principio.

Don Quijote también es un comunista instintivo.


Fue un golpe maestro de Cervantes poner lo que sería una muy atrevida crítica social en boca de un loco. Para la mayoría de las personas es racional aceptar el statu quo, y aquel que no acepte el orden existente es loco por definición.

En un período histórico cuando un sistema socioeconómico está en declive, la ideología, la moralidad, los valores y la religión que anteriormente eran el pegamento que mantenía unida a la sociedad, pierden su poder de atracción. Las viejas ideas y valores se convierten en objeto de ridículo. Las personas que se aferran a ellos se convierten en centro de burlas, como Don Quijote. La naturaleza relativamente histórica de la moralidad se hace evidente. Lo que era malo se vuelve bueno, lo que era bueno se vuelve malo.

El largo e ignomioso declive de España:

El descubrimiento de América se volvió pronto contra ella. Holanda, tomó la delantera a España. Después de Holanda, fue Inglaterra quien adquirió una posición ventajosa sobre el resto de Europa. Era la segunda mitad del siglo XVI y España se aproximaba a la decadencia.


A pesar de la situación de las finanzas españolas, se decidió reanudar la guerra con Holanda. La monarquía estaba totalmente corrompida y la corte era un pozo negro de inmoralidad y vicio.

En un corto espacio de tiempo Holanda se liberó de España, encontrándose pronto en la víctima de una agresión militar exterior, humillada por las naciones que antes habían sido sus inferiores.
Así como España era la nación más poderosa, rica de la tierra y era el centro neurálgico de la contrarrevolución mundial en el siglo XVI, EEUU lo es hoy.


No tenemos necesidad de sueño e ilusiones, preferimos mantener los pies firmemente sobre la tierra. En ese aspecto, al menos, estamos más en la tradición de ese proletario de gran corazón y con mucho sentido común que era Sancho Panza. Pero compartimos con el caballero de La Mancha un feroz odio hacia la injusticia en todas sus formas. Compartimos su capacidad de elevarse por encima de la miope pequeñez del filisteísmo burgués, deseamos un mundo mejor al que vivimos, y compartimos su valor para luchar por cambiarlo.