Thursday, September 29, 2005

Vida y obra de Cervantes

Vida:

Infancia:

Nació a mediados del siglo XVIII y se supone que podría ser un 29 de Septiembre; en Alcalá de Henares. Bautizado el 9 de octubre de 1547. Es el tercero de los cinco hijos que tuvo el cirujano Rodrigo de Cervantes. Al parecer estudió en una de las escuelas fundadas por los jesuitas.

En 1569 Cervantes inicia su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas incluidas por su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos; con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois. En ella el editor le llama caro y amado discípulo.

Lepanto:

Cervantes participa en la batalla de Lepanto un verano de 1571, sirviendo para la compañía de Diego de Urbina, en la que ya militaba su hermano Rodrigo. En esta batalla Cervantes fue herido por un arcabuz en el brazo, dejando su mano izquierda inmovilizada para siempre.

Finalmente, decide regresar a España para conseguir el premio de sus servicios, con cartas de recomendación de don Juan y del duque de Sessa. El 26 de septiembre de 1575, la galera El Sol, en la que había embarcado tres semanas antes, cae en manos del corsario Arnaut Mamí, no en las inmediaciones de las Tres Marías, como se pensó hasta hace poco, sino, como ha demostrado Juan Bautista Avalle Arce, a la altura de las costas catalanas, no lejos de Cadaqués.

Cautiverio:

Llevado a Argel como esclavo, Cervantes padece un cautiverio de cinco años. En ese cautiverio, escribe Los tratos de Argel y Los baños de Arge, y también la obra que lo llevo a la fama que fue El Quijote.

Cabe destacar sus cuatro intentos de evasión, dos por tierra, y dos por mar, en las cuales siempre quiso asumir la responsabilidad exclusiva de las acciones.

Sin embargo, no se le castiga con muerte, tal vez se deba a una posible colaboración en los contactos de paz que los turcos intentaron establecer entonces con Felipe II, por medio de un renegado esclavón, llamado Agi Morato.

Finalmente, es rescatado el 19 de septiembre de 1580, al precio de 500 ducados, por los padres trinitarios.

Retorno a las letras:

Cervantes declara haber compuesto por aquellos años diez obras de comedia.

Simultáneamente, redacta la Primera parte de la Galatea, dividida en seis libros y que, en marzo de 1585, sale de las prensas al cuidado del librero Blas de Robles. Cervantes, años más tarde, recordó con ironía los tópicos del género en El Coloquio de los perros, quejas del amante que se enfrenta con la indiferencia de la amada.

Comisiones andaluzas:

Cervantes se encuentra en Sevilla a principios de junio de 1587, tras haberse despedido de su mujer en circunstancias mal conocidas. Tal vez frustrado en sus aspiraciones literarias, aprovecha los preparativos de la expedición naval contra Inglaterra, decretada por Felipe II, para conseguir un empleo de comisario, encargado del suministro de trigo y aceite a la flota, bajo las órdenes del comisario general Antonio de Guevara. Recorre los caminos de Andalucía para proceder a las inspecciones que le corresponde cumplir, muy mal recibidas por campesinos ricos

Deseoso de conseguir un oficio en el Nuevo Mundo, presenta el 21 de mayo de 1590, una demanda al Presidente del Consejo de Indias, destinada al Rey. Donde menciona la contaduría del nuevo reino de Granada, la gobernación de la provincia de Soconusco en Guatimala, el de contador de la galeras de Cartagena y el de corregidor de la ciudad de la Paz.

Encarcelamiento:

En agosto de 1594 El juez Vallejo, envía a Cervantes, a la cárcel real de Sevilla, cometiendo, por torpeza o por malicia, un auténtico abuso de poder.

No conocemos la fecha exacta en que Cervantes recobró la libertad. Pero conservamos la respuesta del rey a su demanda, por la que se conminaba a Vallejo soltar al prisionero a fin de que se presentara en Madrid en un plazo de treinta días. No se sabe si éste cumplió el mandamiento, pero se despide definitivamente de Sevilla en el verano de 1600, en el momento en que baja a Andalucía la terrible peste negra que, un año antes, había diezmado Castilla.

El 13 de septiembre de 1598, había muerto el Rey Prudente, acontecimiento que va a inspirar a nuestro escritor el famoso soneto al túmulo del rey Felipe II en Sevilla.

El Ingenioso Hidalgo:

Está dicho, que ignoramos la vida de Cervantes durante años cuando se desarrolla el proceso de redacción de la Primera parte del Quijote.

En verano de 1604, se traslada con su mujer a Valladolid, elegida por Felipe III como nueva sede del reino, donde se reúne con sus hermanas y su hija Isabel. Allí Encuentra a un editor, Francisco de Robles, el hijo de Blas de Robles, que, en otro tiempo, había publicado La Galatea. El 26 de septiembre tiene el privilegio real que necesitaba, difundiéndose la noticia de la publicación de su nuevo libro, recogida por Lope de Vega en una carta de su puño y letra, y por López de Úbeda, el autor de La pícara Justina. A fines de diciembre de 1604, sale Quijote de las prensas madrileñas, en marzo del año siguiente, Cervantes obtiene un nuevo privilegio, que extiende a Portugal y Aragón. Mientras tanto, los primeros cargamentos del princeps son registrados en Sevilla y enviados a las Indias. En esas fechas, don Quijote y Sancho aparecen por todas partes en los cortejos, bailes y mascaradas.

Días después, a fines de junio, ocurre un extraño suceso apareciendo mezclado nuestro autor: la muerte violenta de un caballero de Santiago, Gaspar de Ezpeleta. Herido en un duelo nocturno, ocurrido en arrabal donde vivía con su familia, recogido por éste en su casa y fallece dos días después sin confesar quien fue su agresor. Una investigación por el alcalde de Corte Villarroel, encarcelan por unos días, del autor del Quijote, desde insinuaciones de una vecina en contra de la conducta de sus hermanas y de su hija, arrojan una curiosa luz sobre la condición y vida del escritor y de sus familiares.

Andrea de Cervantes dice que en esos años, su hermano era «un hombre que escribe y trata negocios, y tiene amigos»: tales como el asentista genovés, Agustín Raggio, vinculado con negociantes italianos establecidos en Génova, Amberes y Madrid, y un financiero portugués, Simón Méndez, tesorero general y recaudador de diezmos de la mar de Castilla y Galicia; también Fernando de Toledo, señor de Higares, envuelto en proyectos arbitristas llevándolo a gastar sus caudales. No deja de llamar nuestra atención la «otra cara», pudiéndose llamar así, del autor del Quijote y, más concretamente, el hecho de que un ex recaudador de impuestos mantuviera relaciones con estos representantes del mundo de los negocios.

En la Villa y Corte:

Al regreso de la Corte a Madrid, Cervantes se establece con su familia en Atocha, donde es alojado en febrero de 1608. Un año después, se muda a la calle de la Magdalena, cerca del palacio del duque de Pastrana, y luego, en 1610, a la calle de León, donde vivieron escritores como Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Vélez de Guevara. Dos meses después en 1612, se traslada a una casa próxima en la calle de las Huertas. El otoño de 1615, abandona esta morada por otra, situada en la esquina de la calle de Francos y de la calle de León.

Durante aquellos ocho años que le quedan de vida, no se aventura mucho fuera de la capital. El único momento que estuvo cerca de ir por otro rumbo fue en 16100. Cervantes al igual que Góngora, abrigó el sueño de formar parte de su corte literaria; y de los indicios sacados por Martín de Riquer de un minucioso examen de los capítulos de la Segunda parte del Quijote, refieren la estancia del caballero manchego en Barcelona, pudo el escritor emprender viaje a condal, para defender sus pretensiones. Pero no consiguió del secretario del virrey, el poeta Lupercio Leonardo de Argensola, ni tampoco de su hermano Bartolomé, la confirmación de sus promesas.

Varios acontecimientos marcan la vida del escritor durante esos años: primero, sus desavenencias con su hija Isabel y sus dos yernos sucesivos, por asuntos de dinero y por la posesión de una casa, cuyo dueño era Juan de Urbina; luego, una sucesión de muertes: su hermana mayor, Andrea, ocurrida en octubre de 1609, la de su nieta Isabel Sanz, seis meses más tarde, y la de Magdalena, su hermana menor, en enero de 1610.

En julio de 1613, se le admite como novicio de la Orden Tercera de San Francisco, a semejanza de su mujer y de sus hermanas; el 2 de abril de 1616, poco antes de morir, pronuncia sus votos definitivos.

El taller Cervantino:

Lo que llama la atención, durante esos años, es el retorno del escritor a las letras, en un momento en que su fama empieza a extenderse más allá de los Pirineos. Participa en las justas literarias que se celebran en la Academia Selvaje, fundada por don Francisco de Silva y Mendoza, cuyas sesiones tenían lugar en su palacio de la calle de Atocha y donde, un día de marzo de 1612, Lope de Vega le pedirá, para leer sus propios versos, unos antojos «que parecían -según nos dice el Fénix- huevos estrellados».

Mientras, salen a luz nuevas ediciones del Quijote -en Bruselas en 1607, en Madrid en 1608-, Thomas Shelton pone en el telar The Delightful History of the Valorous and Witty Knigh-Errant Don Quixote of the Mancha, en una sabrosa versión inglesa que aparecerá en 1612. Por su parte, en 1611, César Oudin comienza a verter el Quijote a lengua francesa: necesitará cuatro años para rematar su tarea.

Conseguida la aprobación oficial en julio de 1612, el volumen sale de las prensas de Juan de la Cuesta en julio del año siguiente, con una dedicatoria a aquel conde de Lemos al que Cervantes había esperado acompañar a Italia.

Nada más salir de la imprenta, las novelas cervantinas conocerán un éxito fulgurante: mientras se publican en España cuatro ediciones en diez meses, a las que seguirán veintitrés más al hilo del siglo, los lectores franceses le rinden un auténtico culto: traducidas en 1615 por Rosset y D'Audiguier, reeditadas en ocho ocasiones durante el siglo XVII, las Novelas ejemplares, abiertamente preferidas al Quijote, serán el libro de cabecera de todos los que presumen de practicar el español.

Las reticencias de Cervantes ante la comedia lopesca nos permiten entender el rechazo, desde su regreso a Madrid, recibió de los profesionales del gremio -los todopoderosos «autores de comedias»- que se negaron a incorporar a su repertorio las obras que había compuesto al volver a su «antigua ociosidad». El 22 de julio de 1614, en la Adjunta al Parnaso, había revelado su nuevo designio: en vez de hacer representar sus piezas, darlas a la imprenta, ofreciéndolas a un público de lectores adictos, «para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, o no se entiende, cuando las representan». En septiembre de 1615, se cumple esta insólita determinación que, en contra de los usos establecidos, invertí a los procedimientos habituales de difusión: el librero Juan de Villarroel pone en venta un volumen titulado, de modo significativo, Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados.

Avellaneda:

Empresa de más altos vuelos que será, durante esos años, la continuación de las aventuras de don Quijote y Sancho:

En el prólogo a las Novelas ejemplares, redactado en 1612 y publicado en el verano de 1613, Cervantes informaba a su lector que pronto iba a ver, «y con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza». Un año después, el 20 de julio de 1614 Sancho manda una carta a su mujer Teresa, incluida a medio camino, en el capítulo 36. Durante el verano, en poco más de dos meses, no redacta menos de 23 capítulos. Es entonces cuando aparece en Tarragona, al cuidado del librero Felipe Roberto, el Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas.

No era la primera vez que un libro de éxito suscitaba émulos: La Celestina, el Lazarillo de Tormes, la Diana de Montemayor habían inspirado, en el siglo XVI, continuaciones más o menos fieles al original. Ahora este Quijote apócrifo era producto de una superchería, corroborada por una cascada de falsificaciones que afectan a la vez a la aprobación del libro, al permiso de impresión, al nombre del impresor y al lugar de publicación. Hace algunos años, Martín de Riquer abrió pistas de varios indicios -tics de escritura, incorrecciones y torpezas de estilo, repetidas alusiones al rosario- que denunciarían a Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor que, en el capítulo 32 de la Primera parte, parece haber inspirado el personaje del galeote Ginés de Pasamonte, metamorfoseado, en la Segunda, en Maese Pedro, el famoso titiritero.

No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda, atribuido por algunos a Lope de Vega, hirió profundamente a Cervantes, al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse». Cervantes contestó con dignidad a estas acusaciones.

Este último episodio es inmediatamente anterior al fin de las aventuras verdaderas del caballero. En enero de 1615, quedan concluidos los últimos capítulos del libro. A finales de octubre, están redactados el prólogo y la dedicatoria al conde de Lemos. En los últimos días de noviembre sale a luz la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quixote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes, autor de su primera parte: una segunda parte «cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera», pero en un relato «dilatado» de sus nuevas aventuras, es decir prolongado, llevado hasta su término y, también, ampliado y agrandado; una segunda parte que llevó la novela a su perfección, asegurándole una consagración inmediata, confirmada en adelante por la posteridad.

Agonía y Muerte:

Durante los últimos meses que le quedaban de vida a Cervantes sus fuerzas la utilizaba para concluir otra empresa iniciada hace tiempo, quizá durante el período andaluz, luego suspendida durante años, y que quiere llevar a su término: Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Ésta había sido exhumada por humanistas del Renacimiento, al traducir o adaptar al castellano Teágenes y Cariclea, de Heliodoro y Leucipe y Clitofonte, de Aquiles Tacio.

Tras prometer el Persiles, año tras año, en el prólogo de las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso y la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, Cervantes concluye su redacción cuatro días antes de su muerte. Será su viuda la que entregue el manuscrito a Villarroel, quien lo publicará póstumo, en enero de 1617.

Lo que no sabemos es que si Cervantes llegó a concretar otros proyectos, de los que dan cuenta prólogos y dedicatorias: una comedia, titulada El engaño a los ojos, una novela, El famoso Bernardo, una colección de novelas, Las semanas del jardín, sin olvidar la siempre prometida segunda parte de La Galatea.

El 18 de abril, recibe los últimos sacramentos, nuestro escritor se sabe condenado. La sed inextinguible de que él mismo da cuenta en esta relación parece síntoma de una diabetes, enfermedad sin remisión en aquella época, más que de la hidropesía diagnosticada por el supuesto estudiante.

El 20 de abril, dicta de un tirón el prólogo del Persiles, y concluye dirigiéndose al lector: Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. Adiós gracias; adiós donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida.

El viernes 22 de abril, Miguel de Cervantes rinde el último suspiro. Al día siguiente, en los registros de San Sebastián, su parroquia, se consigna que su muerte ha ocurrido el sábado 23, de acuerdo con la costumbre de la época, que sólo se quedaba con la fecha del entierro. Cervantes fue inhumado en el convento de las Trinitarias, según la regla de la Orden Tercera, con el rostro descubierto y vestido con el sayal de los franciscanos. Pero sus restos fueron dispersados a finales del siglo XVII, durante la reconstrucción del convento. En cuanto a su testamento, se perdió. Quedan las obras del «raro inventor», como él mismo se llama en el Viaje del Parnaso, a quien el Quijote le valió entrar en la leyenda.

Posteridad:

Durante el reinado de Fernando VII, Fernández de Navarrete encuentra y publica una serie de documentos, profundizando su examen crítico en un alarde de erudición que se sistematizará en los años posteriores. Pero, si bien se hace así más densa la trama de los acontecimientos, el perfil que se bosqueja ahora de Cervantes permanece sin cambiar: para decirlo con frase de Navarrete, éste se impone como «uno de aquellos hombres que el cielo concede de cuando en cuando a los hombres para consolarnos de su miseria y pequeñez». Escritor clásico por antonomasia, trasciende gustos y modas, sin padecer, como Góngora, Quevedo o Calderón, la condena del barroco.

Durante el siglo XIX, en la estela de la escuela romántica inglesa que se mostró capaz, con Boswell y Carlyle, de abrir nuevos caminos al género biográfico, se adscribe como finalidad a los cervantistas la representación auténtica del autor del Quijote, al que se pretende captar en su totalidad y su intimidad a la vez. En los inicios de la Restauración expone Ramón León Máinez, en 1876, un proyecto de biografía total.

La labor desempeñada por los actuales biógrafos de Cervantes tiende, por el contrario, a asentarse en una metodología rigurosa: primero estableciendo, con todo el rigor requerido, lo que se sabe de su vida y separando lo fabuloso de lo cierto y de lo verosímil; también situándolo en su época, en tanto que actor oscuro y testigo lúcido de un momento decisivo de la historia de España; por último, siguiendo hasta donde sea posible el movimiento de una existencia que, de proyecto que fue inicialmente, se ha convertido en un destino que nos esforzamos por volver inteligible. Así es como se ha intentado encontrar el misterio del «yo» de Cervantes, o bien en su presunta «raza», o bien en una homosexualidad latente. Cervantes, cabe afirmarlo con fuerza, estará siempre más allá de cualquier esquema reductor y no hay narración que pueda restituir su expansión vital.

Obra:



2 Comments:

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